La inflación pone en jaque a la obra nueva

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El sector inmobiliario cerró el ejercicio de 2021 con un sabor dulce, en cuanto a compraventas se refiere, después de lograr hacer frente a factores externos de riesgo como la pandemia de la COVID-19. No obstante, la primera mitad de 2022 ha estado marcada por el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, acompañado de una situación económica inflacionista.

Emiliano Bermúdez, subdirector general de donpiso, advierte que “el reciente aumento de la inflación refleja una intensificación de los cuellos de botella de la oferta manufacturera, nuevas presiones sobre los precios procedentes del sector energético y un mercado laboral tenso”.

En este contexto, la obra nueva ha sido de las principales afectadas debido al incremento de los costes de producción y, por ende, a la escasez de algunas materias primas. Este hecho podría provocar un aumento de hasta un 10% de los precios de las viviendas de obra nueva. Algunos de los materiales que más se han encarecido son la cimentación o la vidriera.

Otro factor a considerar es la falta de mano de obra debido a un importante déficit de especialización de los trabajadores del sector. Según la Confederación Nacional de la Construcción, actualmente hay alrededor de 1,3 millones de trabajadores en el sector. No obstante, para cumplir con la demanda actual, que ya se sitúa en torno a las 140.000 viviendas, se necesitarían 2 millones de profesionales.

En este escenario, el Banco Central Europeo (BCE) ya ha alertado de que este aumento podría reducirse en 2022, aunque será más elevado que en los últimos cinco años. En definitiva, los estragos ocasionados por la inflación se presentan como una amenaza para el mercado inmobiliario y acabar con esta escasez de vivienda se ha convertido en uno de los principales retos para el segmento de la construcción.