Gràcia: el barrio más bohemio e ‘independiente’ de Barcelona

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Hablar de Gràcia es hablar de un pueblo dentro de una gran ciudad. Pero también es hablar de bohemios, de artistas y de un vecindario que se ha destacado por su hospitalidad con el foráneo: en este barrio muchos se conocen y todos son bienvenidos.

Este trato casi familiar de los vecinos de Gràcia provenga, probablemente, de su pasado como villa. No en vano, este distrito de la zona alta de Barcelona, cuyo epicentro se sitúa justo encima de la Diagonal, fue un pueblo independiente desde 1865 y hasta 1897. Y sus gentes aún reivindican ese carácter independiente del barrio, lo que lo ha convertido para muchos en una de las mejores zonas para vivir de Barcelona.

Gràcia, además, es característico por su vida en las calles. Es un distrito perfecto para las familias que busquen acomodo en la ciudad, pero que deseen escapar del bullicio de los coches y el trasiego de personas del centro. Para ellos existen numerosas plazas peatonales con terrazas donde hay que estar rápido de vista para encontrar sitio libre.

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Un pasado rural y unas fiestas universales

La historia del distrito de Gràcia está muy ligado a la cultura y al mundo rural. Ambos conceptos se unen en este barrio, casa de muchos artistas bohemios, cuna de la rumba catalana, por ejemplo, donde El Pescaílla compuso sus primeras canciones.

Pero también Gràcia es sinónimo de masías y de personas del campo que vivían en las zonas más altas de la antigua villa, en lo que hoy son los barrios de Vallcarca, el Coll y la Salut. En este último lugar aún sobreviven en pie algunas masías antiguas que tienen vistas privilegiadas al Park Güell, parada obligada para los turistas que visitan la ciudad por primera vez, que no se quieren perder este monumento, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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Además, en su apuesta ininterrumpida por la cultura –cines independientes y lugares de música urbana conviven desde hace décadas–, sus fiestas populares son también universales. A partir del 15 de agosto, y durante cerca de diez días, las calles de Gràcia se transforman de la mano de sus vecinos. Es uno de los eventos principales del verano de Barcelona y atrae cada año a un mayor número de personas, atraídos por la espectacularidad de las coloridas fachadas y las múltiples actividades que se llevan a cabo por parte de las agrupaciones vecinales del barrio.

 

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